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Sábado, 21 de mayo del 2005

Enfrentarse

yo analizo
yo creo
yo pienso
yo asimilo
yo actúo
yo desenvuelvo
yo resumo
yo fracaso
yo concluyo
yo espero
yo repito:
yo, yo, yo.

Viernes, 06 de mayo del 2005

Inmediatez

No es momento de ver si el lápiz con el que ahora escribo tiene punta o no, las ideas fluyen y no debe existir ninguna pausa porque luego todo esto se va. No sé si tener hartas ganas de escribir sean ideas, pero quiero llamarlas así, sólo para que se lea bonito.

A veces me dan ganas de no pensar y pienso que no quiero pensar y caigo de nuevo el juego de pensar que no quiero pensar. No pensar por un momento sería agradable, olvidarse de todo y de todos; prácticamente imposible. Dejemos mejor a los muertos descansar. Amén.

Hoy me subió la adrenalina hasta por los codos. Me acosté y al poco tiempo me volví a levantar, quería dormir, pero, no quería cerrar los ojos. Quería entrar en ese estado indescriptible de dormir estando despierto. (Una vez nada más por favor, sólo una vez).

Este silencio no tiene nada de silencioso: los grillos, el aullar de los perros (¿Qué carajos quieren?) y el sonidito in-con-fun-di-ble del caminar de las cucarachas por alguna parte de este pequeño lugar, lo estropean todo. Yo estuviera mucho más tranquilo (sinceramente) si sólo fuera un silencio total.

He decidido disminuir un poco el hábito de tomar café, quiero alejarme del vicio (aunque-sea-casi-nada), eso si, no pretendo dejarlo por completo, pero al menos, no tomarlo tan seguido.

Esto de pasar de un tema a otro sin previo aviso, ha de ser incomodo, pero que va, hoy sólo escribo, fluye, fluye, fluye: galletas, refrigerador, calcetines, viaje, comida, lápiz, el acento en la “a”, libertad, basura.

Disculpen ustedes, en verdad disculpen.

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-¿Y para ti qué es mercadotecnia?- Preguntaba al mismo tiempo que pasaba sus dedos sobre sus labios.

-La mercadotecnia es un conjunto de practicas (?) en las cuales se pretende vender a costa de todo los diferentes tipos de productos que se ofrecen.

-¿Y que hay con los mensajes subliminales de la coca-cola?

- Observa bien- le decía mientras señalaba con el dedo índice el anuncio- toma lo bueno, toma coca-cola, ¿No habría otra forma menos dura de obligarte a tomarla? Sin querer la mente siempre acata esas ordenes, por eso (creo yo) cada vez hay más consumidores.

-¡Ay no!, definitivamente estás loco.

-Gracias. Alegraste mi día.

Viernes, 29 de abril del 2005

Del frío.

El clima en mi pueblo por las mañanas es extremadamente frío y seco, por lo que la gente al salir a la calle tiene que llevar encima una gran infinidad de vestimentas para soportar estas crueles peripecias. Verlos caminar por las orillas del boulevard no tiene nada de extraño, pero figurese, nada más imaginese lo que se ha de sentir verlos caminar apresuradamente como tamal de bola envuelto con 2 o 3 chamarras tamaño familiar para que el micro no los deje; al menos una que otra sonrisa se tiene que escuchar.

En lo particular, y no habiendo otra cosa que llevar encima, suelo ponerme ya sea un suéter viejo color café o una sudadera gris que mi progenitora muy amablemente (misericordiosamente) me regaló; obviamente en el pequeño y tortuoso lapso de tiempo en el cual el frío todavía hace que mis pequeños pezones se levanten, sufro, pero conciente estoy de que la madre naturaleza en algún momento del día se va a retractar y ese insoportable frío se va a convertir en un insoportable e infernal calor.

Por ello, esto de cobijarse lo más posible por las mañanas y sentirse tranquilo por unos momentos es tedioso después, ya que cuando el calor se deja venir, la gente (la misma de la mañana) se despoja de toda esa maraña de ropa (la que ayudó a satisfacer su friolenta necesidad) y forsozamente llevarla consigo a todos los lugares a donde vaya. Es aquí donde los afectados comienzan la rutina de maldiciones y cuestionamientos: “bueno... ¿y por qué tanto pinche suéter?".

Martes, 08 de marzo del 2005

Caminar

Me voy por la vereda del tiempo lanzando piedras al cielo, camino lento y sufro por no poder ver lo que se transforma y río por encontrar todo como estaba; esto es así.
No me inclino para ver el más allá, no me arrodillo para pedir perdón, me acongojo, si; nunca poder dar un paso atrás, recoger otra piedra y lanzarla más alto.
Caminar... esto de encontrar la misma piedra siempre es aburrido, mejor dejarla descansar. (Ha vivido suficiente, ya no fastidiarla más).

Esta es la triste y difícil hora en que la soledad regresa y deja rastro sobre los escombros de la vida.

Viernes, 04 de febrero del 2005

Digamos ll

Digamos que el pasto es azul, aunque en realidad sea verde. Lo digamos sólo por el gusto de decir, imaginar e inventar las cosas.

Digamos que mi cabeza está entre mis dedos y mis uñas son las que me dan la capacidad para pensar (la razón misma –que así sea desde hoy-).

Digamos: ‘Decir’ es la capacidad de pronunciar palabra aunque esta no traiga consigo ‘sentido común’. Entonces, digamos algo, lo que sea, pero lo digamos: La gallina negra que nació entre las plumas verdes del venado que no ha nacido, ha muerto por falta de cariño.

Digamos que al repetir constantemente la palabra ‘digamos’ esta pierde sentido (como sucede ahora). Digamos que no quiero seguir con lo mismo, que desconozco la palabra digamos, que desconozco los puntos, las comas y los acentos y que ahora sólo quiero decir: Santificado sea tu nombre.

Miércoles, 19 de enero del 2005

Caminante no hay camino.

Cuando estoy en casa (pueden entrar cuando gusten) siempre suelo estar parado. Si estoy en la cocina saboreando los deliciosos manjares que una mamá esforzada le hace a su hijo, estoy parado. Si estoy conviviendo amenamente con el televisor borroso, pero, de colores (¿Lujos? Esos son mis lujos) en la sala (que también es tienda), estoy parado. Si me pongo a leer un libro, estoy parado. Cuando trabajo, estoy parado...en fin, una serie de acontecimientos que si los describo ahora, no termino nunca.

Muchas veces he escuchado de la boca de mi progenitora y de mi hermana las siguientes melodías un tanto sarcásticas: ‘Siéntate que ya no vas a crecer más’, ‘Pareces soldado’, ‘Te van a salir raíces’, ‘Le vas a hacer un hoyo al piso’, e infinidad de reclamos/sugerencias/comentarios de los cuales ahora no puedo recordar por mi de por si mala memoria. Lo único que hago (como buen hijo y hermano menor que soy) es esbozar una sonrisita con todo el cariño habido y por haber de este mundo e ignorarlas.

Mis pies ya están un poco cansados (lo sé y lo siento), pero que más da, antes soportaban un peso aproximado de 100 kilos ¿y ahora no pueden aguantar un saco de cueros, huesos y escasamente carnita de donde agarrar de 75 kilos? No, imposible.

Mi gran familia conformada por: una madre, dos hermanas, una novia, dos sobrinos, un cuñao y un perro, saben perfectamente que el día de mi muerte no quiero flores, llantos, ni mariachis empedernidos alrededor de mi tumba. Yo lo que quiero (y lo digo sinceramente) es que me entierren, no acostado como comúnmente lo hacen estas gentes, sino parado. Para que así estos benditos pies con los que camino, no descansen ni estando muertos.

Sábado, 15 de enero del 2005

Descripción y continuación.

Se ruega al lector leer con atención e imaginar detenidamente lo que a continuación se le describe:

(...)

Un cuarto no muy grande completamente azul. Dentro del cuarto una cama matrimonial con adornos simples en la cabecera; la envuelve una sabana con 2 colores: verde y pastel, con adornos verticales del mismo color y un conjunto de dos almohadas pequeñas con colores verde y celeste. Al lado de ella una puerta pequeña de una sola pieza de color verde limón que da tal vez al patio, a algún cuarto consiguiente o directamente al baño.
Le sigue de su lado izquierdo un espejo rectangular sin marco pegado a la pared que refleja una ventana con una manta azul y líneas horizontales rojas que la cubren; probablemente al abrirla se visualice una calle silenciosa: sin luz, sin gente, sin cielo, sin estrellas estrelladas en los charcos sucios.
Debajo de ese espejo, otro espejo, éste en el suelo y reclinado en la pared reflejando las faldas verdes de la sabana que cubre la cama; dos herramientas reclinadas entre la pared y un buró lo acompañan amargamente: Un machete y un barretón.
El buró es de color café claro con adornos cuadrados y puntas redondas en sus esquinas. Dentro de éste, 3 gavetas del lado derecho y un espacio grande de su lado izquierdo con una barra horizontal redonda de madera en su parte superior, la cual sostiene: camisas, sudaderas, suéteres y dos elefantes rosados amarrados de la trompa para que no se escapen. En la parte superior externa detiene (no sostiene) diferentes objetos: Discos compactos, un pequeño televisor encendido, un discman, dos bocinas, un aparato de sonido conectado al discman, un vaso rosa con agua, un espejo pequeño (otro) cuadrado (Lado x Lado x Lado), un desodorante, una dona para el pelo, papel sanitario, libros, cassettes VHS y VCD´S. A unos escasos centímetros del buró un contacto de color blanco que sostiene (no detiene) otro contacto café con cuatro entradas que son ocupadas por las entradas de cables provenientes del buró.
Frente al contacto (del otro extremo del cuarto) un calendario de color celeste con sus 14 días del mes de Enero tachados de color negro y con una imagen en su parte superior de alguna lejana y desconocida playa habitada por el señor soledad. A su lado derecho otra puerta de color verde (2 piezas) con cristales en la parte superior pintados de color negro. Arriba de esta un reloj cuadrado con orillas de color negro, fondo blanco, números verdes y manecillas negras marcando la 1:20 de la mañana con 15 segundos.
Un barandal de madera con 10 reglas verticales y una horizontal entre medio de ellas (para reforzar), recargado en la pared del mismo lado de la puerta junto a un estante de color rosa con 4 secciones que detiene (no sostiene) diferentes cosas:
Primer ó última sección: cables de luz y teléfono.
Segunda ó penúltima sección: cristales quebrados y posters rasgados.
Tercera o antepenúltima sección: Una máquina de escribir con funda de color verde, una plancha blanca en su totalidad con retoques verdes discretos en el mango y una caja cuadrada de madera que en su interior se encuentran: disquetes, instructivos de celulares y cassettes.
Última ó primer sección: cuatro patas blancas de una mesa armable.*
Frente al estante (del mismo lado) 3 sillas blancas, 1 encima de la otra formando una torre y detrás de ellas un soporte sin patas.*
Del lado izquierdo de las sillas entre la parte izquierda y derecha del cuarto una lavadora de aproximadamente 25 kilogramos de capacidad de color blanco en la parte superior y color crema en la parte inferior, con extensión de color negro enrollada sobre la tapa.
Por consiguiente y como penúltimo objeto un escritorio color café oscuro, con tres gavetas grandes laterales izquierdas y una pequeña lateral derecha, sosteniendo: Revistas, libros, libretas, enciclopedias, más libros, más revistas, un diccionario, unos lentes, un borrador, una libreta y dos brazos: el derecho sosteniendo un lápiz y un gillette.
Frente al escritorio una silla grande de plástico de color blanco con un personaje sentado en ella con la cabeza agachada y el pelo desmelenado escribiendo lo siguiente:

… y el pelo desmelenado escribiendo lo siguiente:

En mi más remota antigüedad…

Sábado, 08 de enero del 2005

Los lazos del tiempo.

Los lazos del tiempo son delgados, pero siempre fuertes, tan fuertes que pueden sostener no una sino infinidad de vidas que lo desgastan.

Los lazos del tiempo están compuestos/divididos/desencajados por pequeños y delgados hilos que conforman ese lazo. En cada hilo existe una vida que cuelga de él. Cuando una vida nace (la vida nace y se hace) un hilo nuevo es cosido con fuerza entre el cuello y la espalda (donde comienza la columna vertebral) para así con sumo cuidado ser colgado en la cima del mundo, del universo o en la mera cima de lo infinito.

Los hilos del tiempo (ya no lazos) son resistentes, se desgastan al igual que los lazos pero nunca se rompen, a menos que una vida no soporte su propio peso, tome un cuchillo, unas tijeras o sus propios dientes y lo corte ó se corte sin voluntad propia por otras vidas remendadas con otros hilos que no le pertenecen.

Son pocos los hilos del tiempo que no son colgados como se debiera, por ello las vidas que tienden de él (o ellos) caen sin remedio y sin retorno alguno.

Cuando la vida envejece, el hilo se desprende de ella (los hilos envejecen a la vida y no la vida envejece a los hilos) y queda tambaleándose de un lado a otro –izquierda… derecha… atrás…adelante…–

Existen muchos hilos (los he visto) carcomidos, masticados, cortados (no hay señal de desgaste), remendados (cobardes) y algunos otros enteros (sin vida) colgados en la cima del mundo.

Si una vida longeva cae, otros 100 hilos nuevos son colgados con 100 vidas nuevas. Los hilos son sumamente delgados, pero existen muchos… ya se empieza a ver el amontonamiento, el lugar ya es más estrecho y menos cómodo, ya no hay muchas vidas, pero si muchos hilos sueltos que se encaraman y se enredan para formar un nuevo lazo del tiempo.

*Pronto los lazos del tiempo van a abarcar todo el espacio que en algún momento le perteneció a alguna vida, y ya no va haber espacio para colgar otro hilo, y ya no va haber espacio para coser una nueva vida.

Las vidas que aun colgamos de nuestro hilo, somos marionetas; pequeñas marionetas manejadas por nosotros mismos: moviéndonos diferente la una de la otra, abriendo y cerrando grietas, trazando caminos distintos… mirando a nuestro alrededor para todavía, comenzar a preocuparnos.

Lunes, 20 de diciembre del 2004

¿Qué será?

Todo parece tan extraño, pero es real…

Tengo la absoluta sensación de que todo lo que hoy acontece no existe.

Los saleros, los cubiertos, los salseros, la botella con agua y el pedazo de pan con el que tengo que acompañar mi comida me son tan diferentes estando del otro lado de mí mundo. Este en el que hoy habito es un mundo subversivo y hasta cierto grado de credulidad, plagado de locura inmersa en sus habitantes.

Acá en donde tomo lápiz y papel, donde me unto las manos con imaginación y sabiduría, acá en la mesa verde de madera con una pata coja y probablemente ciega, la gente bebe cerveza acompañada de una música de fondo y ríen.

Un trago, platican, sonríen.
Un trago, platican, sonríen.



Muy seguido se paran a hacer no sé que de mi lado derecho, después de la pared pintada de azul que nos divide y me sorprende porque regresan aún más contentos a tomar más cerveza y a enseñar sus deformes dientes a la chica que está a su lado.

La duda me invade y comienzo a preguntarme:

¿Qué será eso que los hace tan felices?... ¿Qué será…?


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