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Sin mucho que decir me voy pa´ otro lado. Disculpe usted la inestabilidad. Pero ahora si le prometo por las uñas de mis dedos que de ahí, ya no me muevo.
Sin mucho que decir me voy pa´ otro lado. Disculpe usted la inestabilidad. Pero ahora si le prometo por las uñas de mis dedos que de ahí, ya no me muevo.
yo analizo
yo creo
yo pienso
yo asimilo
yo actúo
yo desenvuelvo
yo resumo
yo fracaso
yo concluyo
yo espero
yo repito:
yo, yo, yo.
Estaba tan tranquilo con la noticia que no era capaz siquiera de tocar una libreta o un libro para repasar algunos temas vistos en clase porque sabia que esto iba para rato. Paro indefinido decía claramente al final del comunicado que me dio una profesora de cabello largo despeinado y falda exageradamente larga en la entrada de la universidad.
Un pa-ro in-de-fi-ni-do que por desgracia tardó escasamente 2 días y medio y 2 noches.
¡Lastima Margarito!
Mi madre dice que nosotros, sus hijos, ya les caímos mal, porque yo, en particular –dice– cada año le regalo un BMW, un porche o una limusina bien equipada, pero siempre todos, del mismo color. Ver tanto azul en la cochera le aburre, y dice que este año preferiría que le regalará un coche de otro color (de perdida uno negro o amarillo) Ella sueña con un bettle pero no ¡Por Dios! Un bettle es demasiado barato.
Mi hermana Fabiola (la segunda de 3 hijos) –dice– es un poco más detallista, porque le regala una mansión cada año en un condominio diferente y todo, todo como mejor le parezca: si la mansión tienen un color blanco y este no es de su agrado puede pintarla a su gusto, puede pedirla con alberca o sin ella, con o sin campo de golf, etc. Dice también (y esto nos lo acaba de confesar apenas el día de ayer) que su consentida es ella, ya que no sólo le regala la mansión , sino también un globo aerostático o un jet para cuando quiera pueda viajar a la playa que entre los tres le compramos.
Por último, mi hermana Malena, la mayor, dice le guarda ciertos sentimientos que no puede sacar a relucir; eso de mandarla de viaje únicamente al continente europeo ya se le hizo costumbre, dice que ya no quiere ver a güeros hediondos y apestosos, que ella lo que quiere ver – explica– son a negritos crespos con taparrabos o ir a las pirámides de Egipto o mandarla a Chenalhó (ahí donde el 22 de Diciembre ocurrió lo que nunca debió de ocurrir) para conocer algo de la cultura indígena mexicana (porque ella es de la Argentina), o ya por lo menos, mandarla lejos muy lejos (¿A dónde? Ni ella sabe) para olvidarse que sus ingratos hijos tienen mucho dinero y la quieren mucho.
Mi madre nos confiesa muy abiertamente que mejor ya no quiere nada, que no quiere coches, ni mansiones, ni viajes, ni soñar siquiera, porque si, a ella le gusta imaginar y soñar mucho, le divierte hacerlo, porque no puede evitar reírse cuando se imagina todas estas cosas.
Lo que ella en verdad desea son sólo 4 metros de tela para hacerse 2 trajes harto presentables y bonitos. Si hay dinero –dice– hagamos el gran favor de comprársela y si no, no nos preocupemos que ella espera paciente a que el calendario marque el numero 15 y que por el momento hagamos de cuenta que hoy no se celebra nada y que nos demos a la idea que el 15 es el día esperado. Porque ella sabe muy perfectamente que ahora, ninguno de sus ingratos hijos tiene dinero.
Mi madre ahora ya no dice nada; está dormida, descansando y riendo muy enérgicamente porque de nuevo sueña con sus coches, sus mansiones, sus viajes y a sus hijos que son harto adinerados.
Hoy sentí esa dolorosa necesidad de ya no estar solo. Este dolor: el hilo que nos ensarta a todos, es tremendamente insoportable. Mire que si, la soledad es una buena aliada, buena amiga, buena compañera, fiel siempre fiel, no le engaña ni traiciona y le acompaña hasta el fin. Pero a menudo, muy a menudo (hay que aceptarlo) esa soledad aburre con sus lamentaciones sin sentimiento, hastía con sus palabras hundidas al unísono y mata, mata muy cruelmente, despilfarra, hace añicos.
Hoy le escribo a usted: a la que aún no conozco y a la que jamás llegue a conocer, para que sepa que desde el fondo de mi corazón yo la necesito siempre, para que escuche el latir de este corazón viejo y arrugado por el tiempo, porque quiero (que le quede bien claro) que esté conmigo hasta que usted o yo tengamos que partir. Hoy la necesito, de verdad que si, le prometo que harto la necesito; la quiero aquí donde hoy permanezco sentado, para que me abrace, me de un leve y tierno beso y me diga muy cariñosamente te quiero.
No es momento de ver si el lápiz con el que ahora escribo tiene punta o no, las ideas fluyen y no debe existir ninguna pausa porque luego todo esto se va. No sé si tener hartas ganas de escribir sean ideas, pero quiero llamarlas así, sólo para que se lea bonito.
A veces me dan ganas de no pensar y pienso que no quiero pensar y caigo de nuevo el juego de pensar que no quiero pensar. No pensar por un momento sería agradable, olvidarse de todo y de todos; prácticamente imposible. Dejemos mejor a los muertos descansar. Amén.
Hoy me subió la adrenalina hasta por los codos. Me acosté y al poco tiempo me volví a levantar, quería dormir, pero, no quería cerrar los ojos. Quería entrar en ese estado indescriptible de dormir estando despierto. (Una vez nada más por favor, sólo una vez).
Este silencio no tiene nada de silencioso: los grillos, el aullar de los perros (¿Qué carajos quieren?) y el sonidito in-con-fun-di-ble del caminar de las cucarachas por alguna parte de este pequeño lugar, lo estropean todo. Yo estuviera mucho más tranquilo (sinceramente) si sólo fuera un silencio total.
He decidido disminuir un poco el hábito de tomar café, quiero alejarme del vicio (aunque-sea-casi-nada), eso si, no pretendo dejarlo por completo, pero al menos, no tomarlo tan seguido.
Esto de pasar de un tema a otro sin previo aviso, ha de ser incomodo, pero que va, hoy sólo escribo, fluye, fluye, fluye: galletas, refrigerador, calcetines, viaje, comida, lápiz, el acento en la “a”, libertad, basura.
Disculpen ustedes, en verdad disculpen.
- Sigues igual de delgado de cómo te vi la última vez. ¿Haces mucho ejercicio?
- Antes, ahora ya no. Lo abandoné hace como un mes. Mucha haraganería de mi parte.
- Pero que bueno que te mantienes. Te ves bien.
- Uhm, gracias.
- ¿Fue difícil tomar esa decisión?
- Si, ya ve que uno está acostumbrado a comer cuanta cosa le pongan encima y dejarlo así por así, siempre es difícil.
- Claro ¿Y que te dio?
- Pues ya ve, estando gordito se está propenso a muchas enfermedades, en especial las del corazón.
- Ah mira, ya empiezo a entender. ¿Las chicas no te hacían caso entonces?.
- No que va, me refiero a que padecía de taquicardia.
- ...
- ...