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Miércoles, 30 de marzo del 2005

Señora mía.

Señora mía, entiendo que lo que usted hizo no fue más que tratar de avisar cabalmente lo que escuchó o leyó de algún otro amable informante. Permítame agradézcole la información imprecisa y además tardía que me hizo llevar en esa que es su humilde casa.

*No pretendo llenarla de rosas rojas sin espinas, mucho menos aventarle tierra con pedazos de vidrios rotos. El esfuerzo hizo: caminar de su casa hasta la mía con el único propósito de llevar lo que hasta ese momento era una mala y chillante noticia. No le niego que cuando escuché sus palabras no supe que hacer, tal vez agarrarme la cabeza, alborotarme el pelo y quitarme los lentes para rascarme un ojo fue meramente Instinto o pura coincidencia. Nada estaba planeado, le confieso. Usted quería aparentar que también sentía ese dolor, que también se desparramaba como aquella agua en aquel cántaro a la orilla del río, que no podía contener el llanto y se le salían las lagrimas sin más no poder, pero le soy franco, todo ese vil teatrito nunca le creí, mire que decirme tajantemente que uno de mis familiares había dejado de existir, fue cruel, muy cruel de su parte, que el cáncer que tenia lo había terminado de matar esa misma mañana y que ya nada se podía hacer más que ir a darle cristiana sepultura en su lugar de origen, llorarlo y recordarlo sólo en las malditas fotografías. -No queda más.

La mente es débil señora mía, tratar de asimilar lo que me había informado fue difícil. Incrédulo - Pero si hace poco lo vi y estaba bien. Cierto señora mía, después de todos los puta madre que dije al recordarlo, abrí los ojos y dije Cierto, ya no está .

Usted señora mía, se sentó en el sillón y comenzó a contar la historia de sus niñas y de sus sobrinos, sonreía descaradamente y al final se fue diciendo Lo siento, tenía que suceder. Me dejo la boca amarga y el olor a tristeza en toda la casa, ni el perro, ni la araña del rincón de la cocina, ni la rata que sale por las noches por abajo del cilindro de gas se salvaron de llevar ese fétido olor. ¿Qué podía hacer? Empacar maletas e irle a llorar al muerto. Recordarlo y seguir llorando. - ¡A ganar Juan, te vas a ganar!

A punto de partir estaba señora mía y el teléfono sonó, - Están cobrando el mes que se debe- Pensé. Otro ya de los tantos pensamientos erróneos de esa tarde. Mi señora madre hablaba para informarme que ella estaba bien y que no me preocupase de nada porque el familiar que creía muerto no estaba muerto (conste que sólo yo sabía) sino grave y descansando (afortunadamente) en su cama.

Habiendo terminado esto señora mía, no crea en lo que anteriormente le dije*, que si lo mencioné fue sólo para que no dejara de leer lo que sentía:
La maldigo a usted señora de nadie, maldigo su boca y sus podridas palabras que me hicieron pasar un desagradable y funesto instante.

Comentarios

  1. que poca madre!

    Comentario de Anuar hace 4 años y 56 meses


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