Sábado, 29 de enero del 2005
Últimamente he pensado en vos más que otras veces, no sé si vos pensés en mi igual como yo lo hago, pero no importa, no me conocés siquiera, me has visto caminando por los mismo lugares que vos caminás...pero sólo me has visto y eso no es conocer. A veces nuestras miradas se cruzan discretamente, nos quedamos quietos viéndonos las caras y luego volteamos como si nada hubiera pasado (y es cierto, nada ha pasado).
Ayer estaba decidido a hablarte, regalarte unas rosas o unos chocolates (de esos que están rellenos de licor) y sin pensarlo besarte aunque después recibiera un par de cachetadas de tus bellas manos, pero no lo hice porque te tengo miedo, ¡Sos tan hermosa!.
Cuando me acuesto en la cama y cierro los ojos para dormirme, te sueño: Estas acostada junto a mí con tus senos destapados, leyendo un libro, metiendo y sacando humo de tu boca de un cigarrillo que esta por terminarse y a las pocas horas, minutos ó segundos despierto y me doy cuenta que aun sigo sólo, que aun estoy sólo, que no te tengo, que no eras y que tal vez nunca serás.
Hoy de nuevo estas sentada frente a mi con la pierna cruzada y con tu ropa de trabajo -que bien te ves con esa minifalda negra- en la mesa de la esquina agitando el salero mientras esperás tu desayuno, despreocupada y sin siquiera pensar que alguien frente a ti te observa amorosamente y te escribe un poema que nunca podrás leer porque no se atreve siquiera a decirte: 'Hola'.
Miércoles, 26 de enero del 2005
Faltan aproximadamente 5 días para entrar de nuevo a clases. No sé si sentirme estupendamente bien, o estupendamente pésimo.
La mayoría de ustedes queridos lectores sabe que la carrera que estoy cursando* no me agrada del todo, es más, me atrevo a decir que terminó por agradarme el día que salimos de vacaciones.
Yo sé lo que están pensando, no hay necesidad de ser psíquico charlatán ó brujo hiervero mediocre para darse cuenta, pero las circunstancias (malditas circunstancias) son las que me obligan a permanecer allí: rodeado de números amorfos, caras alargadas y paredes estupidamente quietas.
Soportar 5 años de escuela forzada me va ser difícil, muy difícil, tal vez y con el tiempo le vaya tomando cariño y termine por gustarme (lo he pensado seriamente), pero, sinceramente no creo que eso suceda, las probabilidades son de 1 entre 1000000 (corríjanme si eso no es un millón por favor).
Estudiar algo que no me gusta es estupido, pero ¿Cómo solventar mis gastos a futuro si quiero estudiar la carrera que en verdad me gusta lejos de mi ciudá?...
...ese es el cochino problema.
Sábado, 22 de enero del 2005
Amo fervorosamente cada paso de tu rotundo andar.
Amo tu mirada, la amo.
Amo tu boca: labios que desprenden pétalos de alegría.
Amo tu pelo: Rizos dorados,suaves y callados -ni una palabra-.
Amo tus manos, tus dedos y la mugre de tus uñas con las que me tocas tierna e inmaculadamente.
Amo tu quietud y tu ausencia.
Amo tus lágrimas, las amo.
Amo tu lengua y tu saliva: lléname de ti y nada más de ti.
Te amo por mi soledad y mi desgracia...
Te amo porque no hago otra cosa más que pensarte, tenerte y robarte a cada instante.
Miércoles, 19 de enero del 2005
Cuando estoy en casa (pueden entrar cuando gusten) siempre suelo estar parado. Si estoy en la cocina saboreando los deliciosos manjares que una mamá esforzada le hace a su hijo, estoy parado. Si estoy conviviendo amenamente con el televisor borroso, pero, de colores (¿Lujos? Esos son mis lujos) en la sala (que también es tienda), estoy parado. Si me pongo a leer un libro, estoy parado. Cuando trabajo, estoy parado...en fin, una serie de acontecimientos que si los describo ahora, no termino nunca.
Muchas veces he escuchado de la boca de mi progenitora y de mi hermana las siguientes melodías un tanto sarcásticas: ‘Siéntate que ya no vas a crecer más’, ‘Pareces soldado’, ‘Te van a salir raíces’, ‘Le vas a hacer un hoyo al piso’, e infinidad de reclamos/sugerencias/comentarios de los cuales ahora no puedo recordar por mi de por si mala memoria. Lo único que hago (como buen hijo y hermano menor que soy) es esbozar una sonrisita con todo el cariño habido y por haber de este mundo e ignorarlas.
Mis pies ya están un poco cansados (lo sé y lo siento), pero que más da, antes soportaban un peso aproximado de 100 kilos ¿y ahora no pueden aguantar un saco de cueros, huesos y escasamente carnita de donde agarrar de 75 kilos? No, imposible.
Mi gran familia conformada por: una madre, dos hermanas, una novia, dos sobrinos, un cuñao y un perro, saben perfectamente que el día de mi muerte no quiero flores, llantos, ni mariachis empedernidos alrededor de mi tumba. Yo lo que quiero (y lo digo sinceramente) es que me entierren, no acostado como comúnmente lo hacen estas gentes, sino parado. Para que así estos benditos pies con los que camino, no descansen ni estando muertos.
Lunes, 17 de enero del 2005
Después de tanto batallar con los CSS del blog por fin ha quedado. Ahora no sólo se visualiza bien en internet explorer, si no también en mozilla firefox, opera y sus derivados.
Hay todavía algunos detalles que no terminan de agradarme mucho, espero poder solucionarlos pronto, con calma (de lo que menos tengo), tiempo (de lo que siempre hay) y dedicación (de lo que no muy se me da).
Por el momento (sólo por el momento) todo va bien.
Sábado, 15 de enero del 2005
Se ruega al lector leer con atención e imaginar detenidamente lo que a continuación se le describe:
(...)
Un cuarto no muy grande completamente azul. Dentro del cuarto una cama matrimonial con adornos simples en la cabecera; la envuelve una sabana con 2 colores: verde y pastel, con adornos verticales del mismo color y un conjunto de dos almohadas pequeñas con colores verde y celeste. Al lado de ella una puerta pequeña de una sola pieza de color verde limón que da tal vez al patio, a algún cuarto consiguiente o directamente al baño.
Le sigue de su lado izquierdo un espejo rectangular sin marco pegado a la pared que refleja una ventana con una manta azul y líneas horizontales rojas que la cubren; probablemente al abrirla se visualice una calle silenciosa: sin luz, sin gente, sin cielo, sin estrellas estrelladas en los charcos sucios.
Debajo de ese espejo, otro espejo, éste en el suelo y reclinado en la pared reflejando las faldas verdes de la sabana que cubre la cama; dos herramientas reclinadas entre la pared y un buró lo acompañan amargamente: Un machete y un barretón.
El buró es de color café claro con adornos cuadrados y puntas redondas en sus esquinas. Dentro de éste, 3 gavetas del lado derecho y un espacio grande de su lado izquierdo con una barra horizontal redonda de madera en su parte superior, la cual sostiene: camisas, sudaderas, suéteres y dos elefantes rosados amarrados de la trompa para que no se escapen. En la parte superior externa detiene (no sostiene) diferentes objetos: Discos compactos, un pequeño televisor encendido, un discman, dos bocinas, un aparato de sonido conectado al discman, un vaso rosa con agua, un espejo pequeño (otro) cuadrado (Lado x Lado x Lado), un desodorante, una dona para el pelo, papel sanitario, libros, cassettes VHS y VCD´S. A unos escasos centímetros del buró un contacto de color blanco que sostiene (no detiene) otro contacto café con cuatro entradas que son ocupadas por las entradas de cables provenientes del buró.
Frente al contacto (del otro extremo del cuarto) un calendario de color celeste con sus 14 días del mes de Enero tachados de color negro y con una imagen en su parte superior de alguna lejana y desconocida playa habitada por el señor soledad. A su lado derecho otra puerta de color verde (2 piezas) con cristales en la parte superior pintados de color negro. Arriba de esta un reloj cuadrado con orillas de color negro, fondo blanco, números verdes y manecillas negras marcando la 1:20 de la mañana con 15 segundos.
Un barandal de madera con 10 reglas verticales y una horizontal entre medio de ellas (para reforzar), recargado en la pared del mismo lado de la puerta junto a un estante de color rosa con 4 secciones que detiene (no sostiene) diferentes cosas:
Primer ó última sección: cables de luz y teléfono.
Segunda ó penúltima sección: cristales quebrados y posters rasgados.
Tercera o antepenúltima sección: Una máquina de escribir con funda de color verde, una plancha blanca en su totalidad con retoques verdes discretos en el mango y una caja cuadrada de madera que en su interior se encuentran: disquetes, instructivos de celulares y cassettes.
Última ó primer sección: cuatro patas blancas de una mesa armable.*
Frente al estante (del mismo lado) 3 sillas blancas, 1 encima de la otra formando una torre y detrás de ellas un soporte sin patas.*
Del lado izquierdo de las sillas entre la parte izquierda y derecha del cuarto una lavadora de aproximadamente 25 kilogramos de capacidad de color blanco en la parte superior y color crema en la parte inferior, con extensión de color negro enrollada sobre la tapa.
Por consiguiente y como penúltimo objeto un escritorio color café oscuro, con tres gavetas grandes laterales izquierdas y una pequeña lateral derecha, sosteniendo: Revistas, libros, libretas, enciclopedias, más libros, más revistas, un diccionario, unos lentes, un borrador, una libreta y dos brazos: el derecho sosteniendo un lápiz y un gillette.
Frente al escritorio una silla grande de plástico de color blanco con un personaje sentado en ella con la cabeza agachada y el pelo desmelenado escribiendo lo siguiente:
‘… y el pelo desmelenado escribiendo lo siguiente:
En mi más remota antigüedad…’
Miércoles, 12 de enero del 2005
Migraña [migraña]
1.- f. Jaqueca. (¡Oh si! Pinche diccionario)
Jaqueca [jaqueca]
1.- f. Dolor de cabeza intermitente que sólo ataca, por lo común, en un lado de ella.
2.- f. Dar una jaqueca, fastidiar, molestar a bla… bla… bla…
No cabe duda que un pequeño dolor de cabeza cualquiera lo supera, pero si ese pequeño dolor después se convierte en una odiosa migraña es muy difícil mantener la calma y controlar los impulsos.
(..)
Todo transcurría dentro de los parámetros normales de este su redactor, hasta que pasadas las 11 de la noche aproximadamente del día de ayer, un dolor inesperado en la parte frontal y temporal de la cabeza lo tumbó y lo revolcó en agonía incontrolable; era como si la cabeza de todo el lado derecho le estallara o se desvaneciera, como si el ojo se pudriera y el cerebro se secara. Un dolor que permaneció por cuatro largas horas hasta entrada la madrugada y que se desvaneció con una pastilla (tal vez dos o tres) y un sueño profundo… profundo… profundo.
Él nunca pensó que la migraña fuera tan traicionera, nunca creyó en su dolor aplicado y jamás, jamás de los jamases imaginó la desesperación y la angustia causada… hasta el día de ayer.
Aún no comprende como sucedió, fue tan repentino y duradero, tan doloroso, tan estresante, tan… difícil de asimilarlo.
Tomar un martillo, un clavo, martillar… ¡tas, tas, tas!, unas pinzas, unas tenazas, abrir el cráneo, ver el problema… solucionarlo.
Quitarse el ojo, meterlo en agua helada, entumirlo… cesar el dolor… eso es lo que uno piensa cuando eso sucede.
No hay razón, el dolor viene y va….
¿Cuál es la maldita causa? …
Sábado, 08 de enero del 2005
Los lazos del tiempo son delgados, pero siempre fuertes, tan fuertes que pueden sostener no una sino infinidad de vidas que lo desgastan.
Los lazos del tiempo están compuestos/divididos/desencajados por pequeños y delgados hilos que conforman ese lazo. En cada hilo existe una vida que cuelga de él. Cuando una vida nace (la vida nace y se hace) un hilo nuevo es cosido con fuerza entre el cuello y la espalda (donde comienza la columna vertebral) para así con sumo cuidado ser colgado en la cima del mundo, del universo o en la mera cima de lo infinito.
Los hilos del tiempo (ya no lazos) son resistentes, se desgastan al igual que los lazos pero nunca se rompen, a menos que una vida no soporte su propio peso, tome un cuchillo, unas tijeras o sus propios dientes y lo corte ó se corte sin voluntad propia por otras vidas remendadas con otros hilos que no le pertenecen.
Son pocos los hilos del tiempo que no son colgados como se debiera, por ello las vidas que tienden de él (o ellos) caen sin remedio y sin retorno alguno.
Cuando la vida envejece, el hilo se desprende de ella (los hilos envejecen a la vida y no la vida envejece a los hilos) y queda tambaleándose de un lado a otro –izquierda… derecha… atrás…adelante…–
Existen muchos hilos (los he visto) carcomidos, masticados, cortados (no hay señal de desgaste), remendados (cobardes) y algunos otros enteros (sin vida) colgados en la cima del mundo.
Si una vida longeva cae, otros 100 hilos nuevos son colgados con 100 vidas nuevas. Los hilos son sumamente delgados, pero existen muchos… ya se empieza a ver el amontonamiento, el lugar ya es más estrecho y menos cómodo, ya no hay muchas vidas, pero si muchos hilos sueltos que se encaraman y se enredan para formar un nuevo lazo del tiempo.
*Pronto los lazos del tiempo van a abarcar todo el espacio que en algún momento le perteneció a alguna vida, y ya no va haber espacio para colgar otro hilo, y ya no va haber espacio para coser una nueva vida.
Las vidas que aun colgamos de nuestro hilo, somos marionetas; pequeñas marionetas manejadas por nosotros mismos: moviéndonos diferente la una de la otra, abriendo y cerrando grietas, trazando caminos distintos… mirando a nuestro alrededor para todavía, comenzar a preocuparnos.
Miércoles, 05 de enero del 2005
Ya es de madrugada, me acompañan fielmente un vaso con café y 3 envolturas: 2 de azúcar y 1 de coffe matte. El banco en donde estoy sentado es muy cómodo, puedo (no se si deba, pero puedo) subir los pies en el soporte de fierro que tienen las patas para que no se doblen.
La terminal de autobuses queda exactamente frente a mis ojos, no estoy ahí porque no han abierto, mis ojos están sumamente rojos y siento que pesan cada vez que parpadeo. No he dormido nada por miedo a no despertar.
Desde aquí se dibuja la silueta de mi sombra en el cristal que separa la calle de la tienda (estas que nunca cierran en las gasolineras) una sombra borrosa, intangible pero verdadera.
Afuera hace un frío terrible, un frío que hasta los huesos duelen y piden piedad.El saco que últimamente me ha acompañado en mi corto andar, me protege un poco, pero no lo suficiente, ahora, ya está más descocido de la manga derecha que como estaba antes. Ya no puedo disimular que el hoyo existe porque ya es más visible y un poco más penoso. Mi chata lo puede todo, ella verá que puede hacer.
Una mujer de minifalda blanca con puntitos negros, chamarra celeste, medias negras y zapatos de tacón (Ella muy elegante y yo muy observador) Me ha regalado una sonrisa y ha entrado a comprar café a la tienda, ahora, ya está saliendo juntando su boca con la boca del vaso (me ha engañado. Infiel).
El cielo aún está oscuro, la terminal todavía está cerrada. Yo espero impaciente dando golpecitos sobre la mesa con el lapicero ¡tac, tac, tac!, observo a mi alrededor y no hay nada interesante, leo las letras que adornan el pequeño vaso de café y me doy cuenta que me han estafado: ‘Latte coffe, expresso ca-pu-cci-no’ dice claramente y yo lo que me he tomado ha sido un americano. Ahora ni que reclamar, el vaso está lleno, pero de restos de basura.
¿Heavy metal en la radio? Esto si es extraño pero sin duda muy agradable.
Mientras me aplano más las nalgas en el banco y me decido en comprar otro café o no (capuchino por favor): Espero, escribo y escucho.
Lunes, 03 de enero del 2005
Es la nostalgia la que hoy me atrapa, la que me agarra de los pies y me pone de cabeza para sentirme mareado y triste.
Hoy pasaron las horas danzando y corriendo frente a mis ojos, todas me miraron y comenzaron a reírse por mi aspecto (el ojos llorosos y manos sudadas).
El sueño en la noche nunca llegó (tú sabes que eso siempre sucede), hoy sentí que ese maldito insomnio no era el mismo que antes, hoy estaba plagado de pintura negra de píes a cabeza, no sabía que era exactamente hasta que entraste por la puerta y todo se desenvolvió: no era hambre de crecer frente a arbustos desnudos y llenos de alegría, tampoco eran ganas tremendas de mirar al cielo y esperar a que me hablase, solo eran ganas (hartas ganas) de abrazarte, tocarte la espalda y tu nalga derecha, eran ganas de robarte aroma y guardármela en el pulmón derecho (que es el que menos me duele) porque en el izquierdo hay un dolor terrible, un dolor que me duele hasta por ser eso, un dolor porque me voy y ya no te veo, porque me voy y ya no te miro, porque me voy y ya no te toco.
Deseo que este ultimo abrazo congele el tiempo y permanezca así por largo, pero largo tiempo para que nos quedásemos juntos hasta que el sol se apague y los pájaros dejen de cantar.
|